VIVIR CON GATOS FERALES

11717577_10205856532680237_773834990233870451_oEsta es mi experiencia personal.

Entre los muchos gatos que han ingresado a FeliNNos, un número importante de ellos han sido ferales. Gatos huérfanos de alguna señora mayor que los alimentaba en su patio o jardín o incluso dentro de su casa, pero que no tenía mayor contacto con ellos, ya sea por dificultades físicas u otros. Esos gatos una vez perdido su humano/cuidador han quedado a la deriva como tantas veces sucede, en peligro de ser echados a la calle por la sucesión a la que poco le importa que esos gatos hayan sido la única compañía del propietario del inmueble heredado. Gatos que han salido de las que fueran sus casas o “territorios” ya sea a fuerza de grandes peleas en transportadoras y otras veces directamente en trampas. También algunos han llegado directamente de colonias amenazadas, de sitios en demolición u otros.

La reubicación de gatos ferales es compleja, lleva tiempo y mucho cuidado. Los gatos ferales, al ser territoriales necesitan un período bastante largo de aclimatación en un  nuevo lugar, el que deberá ser reconocido como su nuevo territorio. Este período deben hacerlo en un recinto cerrado, seguro y tranquilo, dentro de lo posible con vista al exterior, una vista controlada, de manera que vayan reconociendo el nuevo entorno en el que habitarán.

Este proceso tarda, y por lo general nunca debiera ser inferior a un mes, yo recomiendo dos, más en época de invierno, en la cual si un gato decide salir a explorar no se verá atrapado en una lluvia dejándolo expuesto a enfermarse. Por lo general yo sugiero hacer reubicaciones de gatos ferales o colonias desde octubre a marzo, y no hacerlo en invierno.

Los gatos ferales son por lo general bastante sociables entre pares, es decir con otros gatos, raramente pelean y por el contrario buscan otros de su condición para armar “familia”. Se reconocen, se cuidan. He tenido casos de colonias de gatos que han llegado juntas y con el tiempo se han separado y se han unido a otros gatos ferales, en otro sector. Estas mini colonias permanecen en el territorio que han escogido y por lo general ni siquiera se movilizan mucho. Por el contrario se apegan a un perímetro y allí se quedan.

También existe un pequeñisimo porcentaje de gatos ferales ermitaños, que hacen su vida en soledad, que se separan de su grupo sin mediar causa  aparente y deciden instalarse en un espacio propio, sin otros gatos. No son agresivos, no pelean, pero asumo que es solo una personalidad más extrema aun. Son pocos, pero existen.

El problema que si se presenta con ellos es que se dificulta su manejo y determinar si en algún momento se encuentran enfermos. Por lo general esto se aprecia si un gato cambia de actitud, si está más presente. Allí necesitaremos utilizar todos nuestros conocimientos y recursos para tratar de determinar su condición y tratar de sanarlos. Para tratamientos lo mejor es dejarlos encerrados en una jaula de aislación, yo utilizo una transportadora del tamaño más grande en la que se puede colocar una bandeja sanitaria una cama y los pocillos con alimento y agua. El gato, dependiendo de que tan mal se sienta permitirá en menor o mayor medida su manipulación, acá lo mejor es determinar lo que tienen y cual es el tratamiento a administrar. Por lo general estarán replegados al fondo de la jaula, alertas, pero no agresivos. Si tenemos suerte , después del período necesario para el tratamiento particular seremos capaces de liberarlos y el gato volverá a su territorio, espacio, perímetro. Durante el proceso, hay veces que pueden dar signos de socializar, pero una vez liberados nos damos cuenta que no. Solo una vez un gato feral, después de estar más allá que acá , dado la gravedad de su estado a causa de un cuadro de mycoplasma, al término de su tratamiento y al volver a la vida, volvió como un gato absolutamente regalón y dependiente de mi, ronroneador y coqueto. Ha sido el único que ha tenido este cambio tan radical.

Yo no intento cambiarlos, solo espero que estén cómodos, que no les falte nada, que disfruten su vida de gato feral, aunque suene extraño. Los veo, ellos juegan, duermen juntos con otros de igual condición , se saludan, se buscan y se acompañan, como cualquier miembro de una familia lo hace.

Ser feral puede ser incluso un estigma  entre algunas personas que se dicen amantes de los gatos, los condenan, solo por tener un carácter distinto y por ignorancia.

Los gatos ferales son seres fantásticos, cuando uno los conoce, y si uno les deja ser lo que son, sin intentar cambiarlos, educarlos, modificarlos, socializarlos. Un gato feral no es un delincuente, no es una desgracia, no es un mal gato. Un gato feral es solo otro gato, ni más, ni menos.

Verónica Basterrica Wijnands

Directora Fundación FeliNNos | Creadora Proyecto TNR Chile